El cinismo de Rosario

El cinismo de Rosario
El Trapecio del Poder
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Y ahora, ¿ quién podrá defenderla?

El sol no se puede tapar con un dedo y el turbio proceder de Rosario Robles durante este sexenio terminó por estallar.

Por más visitas que ha hecho a los medios de comunicación empeñándose en tratar de limpiar su deteriorada imagen, la controvertida funcionaria está metida hasta el cuello en escandalosos actos de supuesta corrupción y malos manejos de los recursos de SEDESOL, una de las dos dependencias, además de la SEDATU, en las que se desempeñó durante la gestión de Enrique Peña Nieto, a quien lejos de ayudar a cumplir con sus compromisos, lo terminó perjudicando pese a que el Presidente la respaldó en más de una ocasión defendiéndola públicamente.

Si bien su principal bandera repudiaba la corrupción y prometía erradicarla, durante su campaña presidencial Andrés Manuel López Obrador mantuvo un discurso conciliador al referirse a los funcionarios salientes, señalando que no habría venganzas personales ni cacerías o persecuciones.

Hoy las cosas han cambiado y pronto los morenistas serán gobierno, lo que los obliga a proceder de acuerdo a la ley, castigando a quien haya cometido peculado, fraude o robado recursos públicos. De lo contrario, los nuevos responsables del gobierno federal estarían siendo cómplices y caerían en omisión, decepcionando a millones de mexicanos les dieron su voto con la esperanza del ansiado cambio y la cristalización de un país sin el cáncer de los gobiernos caracterizados por descarados ladrones, como fue la gestión de Peña Nieto.

Ricardo Monreal y Mario Delgado, líderes de las bancadas morenistas en las Cámaras Legislativas, ya se han pronunciado al respecto y han manifestado su clara determinación de proceder en este grave asunto por el que llamarán a comparecer a quien sea necesario y se abrirán serias investigaciones para sustentar las denuncias y fincar responsabilidades.

El cada vez menos poderoso Presidente saliente ya nada podrá hacer para defender a Rosario Robles ni a ningún otro al que se le encuentren suficientes elementos para enjuiciarlo. Se acabó. Aunque ese dinero del erario se haya destinado a apoyar campañas políticas del partido en el poder, los titulares de las dependencias tendrán que dar la cara y asumir los costos de su proceder. 

Recordemos que no es la primera vez que esta vividora del sistema se encuentra en el ojo del huracán, ya que hace algunos años se vio envuelta en otro estridente caso al involucrarse en turbios asuntos con el empresario Carlos ahumada, de tristes memorias para los expedientes políticos de México.

Cínicamente, Rosario Robles se limita a insistir en que no hay pruebas de su culpabilidad. Ya se verá, pero por lo pronto no explica a dónde fue a parar el dinero de la llamada "Estafa Maestra".

"No te preocupes Rosario", le dijo en su momento Peña Nieto. Hoy ni él se puede considerar tranquilo o despreocupado ante el contundente triunfo de MORENA en la elección de julio pasado, en la que obtuvieron el Poder Ejecutivo y el control del Congreso, con lo que podrán revisar y encabezar investigaciones exhaustivas de todos los rubros en los que se evidencian graves irregularidades, como en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, en la que la corrupción, la ineptitud, los abusos y la irresponsable operación causaron inclusive la vida de dos personas en el llamado socavón de la carretera México-Cuernavaca.

Lo bueno es que no falta mucho para conocer una serie de negocios multimillonarios que se llevaron a cabo bajo el manto del poder en las más altas esferas de la política mexicana, ya lo verán.

Ojalá que ahora sí exista voluntad política y un verdadero compromiso para demostrarle a los mexicanos a quienes les debemos el saqueo que le impide a México salir adelante.

Entre gobernadores corruptos como los Duarte de Veracruz y Chihuahua, Borge en Quintana Roo, Rosario Robles, Emilio Lozoya y Gerardo Ruiz Esparza pasarán a la historia como los nefastos funcionarios que le dieron al PRI un empujón más camino al desastre en el que hoy se encuentra sumido y del que muy probablemente ya no se levantará.

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