Pobre Oaxaca, ¡Ya basta!

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El 7 de septiembre de 2017 pasará a la historia de Oaxaca como uno de los días más tristes que haya tenido.

Casi a la medianoche, la madre naturaleza se ensañó con el noble pueblo oaxaqueño, sacudiéndolo con un inclemente terremoto de 8.2 grados, teniendo como epicentro Pijijiapan, Chiapas, ocasionando graves daños en una entidad de por sí maltratada por las circunstancias en que vive.

El tremendo movimiento telúrico, además de provocar pérdidas humanas, dejó gravísimos daños en más de 110,00 inmuebles de infinidad de municipios y localidades que sufren ancestrales rezagos económicos y sociales.

En el Istmo de Tehuantepec, miles de familias han quedado sin un techo donde vivir y la angustia se respira a diario al presentarse con frecuencia alarmantes réplicas del temido sismo, que solo vienen a tensar más la difícil situación de los oaxaqueños.

Aunado a esto, la temporada de lluvias también castigó a este bello estado de la república, dejando damnificados en gran parte de la costa e impidiendo que quienes duermen fuera de sus casas haciendo guardia para cuidar su patrimonio, puedan siquiera extender cobijas y colchonetas para dormir en el suelo.

Pero todo esto no es suficiente para las autoridades, quienes se burlan de la desgracia otorgando tarjetas de un supuesto apoyo condicionado y en abonos, pero con tarjetas sin saldo, vacías, ocasionando la decepción y la desesperación de la gente que forma enormes filas durante horas para recibir el desprecio de las dependencias como SEDESOL Y SEDATU, cuyos titulares asistieron a los lugares dañados en momentos propicios para tomarse la foto y hacer declaraciones de que se iba a actuar rápido y permanentemente para salir de esta contingencia a la brevedad.

Pero no ha sido así. El temblor del 19 de septiembre atrajo los reflectores hacia otras partes del país como la Ciudad de México y la emergencia de Oaxaca pasó a otro orden de prioridades, sin considerar que allá hay más afectados y con carencias mucho más urgentes.

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Aquí cabe señalar que durante casi cinco años de gestión, el Presidente Enrique Peña Nieto solo había visitado Oaxaca en tres ocasiones, en visitas relámpago, prácticamente a hurtadillas, a escondidas, como cuando fue luego de un día festivo a la costa oaxaqueña, permaneciendo por media hora para visitar una instalación petrolera, llegando en helicóptero y evitando el contacto con la gente. Luego visitó intempestivamente el Istmo y después la capital del estado, siempre corriendo para evadir los reclamos que la gente le tiene acumulados a los gobernantes desde hace mucho, en este pueblo saqueado por el PRI durante casi ocho décadas y defraudado por el supuesto gobierno del cambio que abanderaba el farsante Gabino Cué, quien llegó a la gubernatura en 2010 luego de insistir en su empeño por  transformar Oaxaca.

Otra enorme decepción, porque Gabino se rodeó de bandidos y lejos de trabajar para cambiar las condiciones de vida de los oaxaqueños, se dedicó a la parranda y a la francachela, dejando en manos de una bola de traidores rufianes las decisiones y el dinero de los oaxaqueños.

Sus nefastos cómplices se dedicaron a enriquecerse de manera insultante, obviamente entregando sus comisiones al complaciente gobernador, quien se construyó una lujosa mansión en la mismísima capital oaxaqueña y acumuló una gran riqueza, por lo que está siendo investigado y lo alcanzará el brazo de la justicia más pronto de lo que piensa.

Hoy se sabe que hay más de 1,800 casos de corrupción como herencia de ese gobierno, lo que es una ofensa para la miseria que vive este pueblo hundido en la desigualdad y la tristeza.

Peña Nieto se tardó cinco años en darse cuenta de que "en el sureste de México hay rezagos ancestrales", tal como lo declaró recientemente. Vaya brillantez de nuestro Presidente, que está a punto de irse dejando un México peor del que encontró en 2012.

Con estos gobernantes ineptos, corruptos e impunes, pobre Oaxaca y pobre México.

Los golpes de la naturaleza no podemos controlarlos, pero sí prever, prepararnos para las contingencias y en lo político debemos cerrar las puertas a tanto vivales y a tanto ladrón que accede al poder solo para su beneficio.

Ya basta.