El pueblo, un ejemplo para los políticos

El pueblo, un ejemplo para los políticos
Desde el Balcón
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El sismo del pasado 19 de septiembre nos estremeció, no por el hecho mismo, sino por el acto solidario de la gente, del pueblo mismo, que aún con carencias o conocimiento en el rescate, se unió en uno solo para ayudar con picos, palos y manos, en cada uno de los 38 puntos de esta ciudad donde se desplomó un edificio.

El sismo del pasado 19 de septiembre nos estremeció, no por el hecho mismo, sino por el acto solidario de la gente, del pueblo mismo, que aún con carencias o conocimiento en el rescate, se unió en uno solo para ayudar con picos, palos y manos, en cada uno de los 38 puntos de esta ciudad donde se desplomó un edificio.

El sismo del pasado 19 de septiembre nos estremeció, no por el hecho mismo, sino por el acto solidario de la gente, del pueblo mismo, que aún con carencias o conocimiento en el rescate, se unió en uno solo para ayudar con picos, palos y manos, en cada uno de los 38 puntos de esta ciudad donde se desplomó un edificio.

Ante la desgracia, la reacción de los rescatistas y los voluntarios en su conjunto, fue de inmediato, sin esperar nada a cambio, demostrándose una vez más la capacidad de unión que tenemos los mexicanos ante este tipo de desastres, como ocurrió en 1985, el otro sismo pasado que todavía lo tenemos presente en nuestra memoria.

Todavía no nos recuperábamos del temblor del 7 de septiembre casi en la madrugada, cuando nos llega otro, coincidentemente con el del 19 de septiembre del 85.

La entrega y dinamismo de los voluntarios ya integrados las fuerzas armadas, contrasta claramente con la apatía y desdén de la clase política mexicana. Con la escusa que el recinto legislativo de San Lázaro fue dañado por el movimiento el pasado martes, la sesión del jueves se suspendió, hasta nuevo aviso.

La idea era buscar una sede alternativa, pero y el Senado ¿Por qué no trabaja?. El caso es que los legisladores son lo peor de nuestra sociedad. Se pasan fácilmente cinco meses sin hacer  nada y cuando se llega la hora de legislar, llegan tarde o de plano, se distinguen por su ausencia.

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No están a la altura del pueblo, les falta sensibilidad y ahora quieren debatir a través de los partidos, para reglamentar que parte del dinero de las campañas del próximo año, sea destinado a la rehabilitación de los hogares colapsados.

No hay tiempo para debatir o regatear la ayuda a cuanto mexicano necesita en la Ciudad de México, Puebla, Morelos, Oaxaca y Chiapas.

Y sin vergüenza, van y piden el voto a la población y ahora que más los necesitan, ni sus luces. Así se las gastan.

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Caro la costó a la Televisa la trasmisión que hizo por largas horas el presunto rescate de una niña en el Colegio Enrique Rébsamen, bautizado por Carlos Loret de Mola como “emblemático” del sismo.  Hasta ahora, no hay niña atrapada. Un error en el que también fue cómplice la Secretaria de Marina porque consideraron las versiones de los rescatistas civiles que trabajaban en la separación de los escombros.

De pronto, nos  hizo recordar el sismo de 1985 cuando un rescatista extranjero en la avenida Venustiano Carranza en la Merced, señaló a los medios de comunicación la presencia de un niño con vida (Monchito) convirtiéndose en la atracción de la catástrofe. Los días pasaron y las páginas de los diarios, los noticiarios de televisión y radio, comentaban el hecho. Nunca hubo nada. Hoy, la historia se repite. Entre la falta de oficio de la reportera que nunca platicó con el rescatista, y la confianza que los mandos militares le dieron al voluntario,  la versión atrajo al pueblo ante el televisor. Hasta que este jueves, la Secretaría de Marina valientemente aceptó su error y desmintió que haya una niña en los escombros.

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